Fin de Semana en el Cabo de Gata

Del 7 al 9 de Mayo de 2010

Quedamos a las 8:00h de la mañana en el Cubo para dirigirnos en autobús a San José, lugar de referencia en el que pasaremos este agradable fin de semana.


(Diego, Elena, Antonio, Fina, Francis, Jose Luís, Lola, Loli, Manolo, Rafi, Jesús, Inma, Domingo, Inma, Juanmi, Alberto, Miguel, Victoria, María, Rafa, Luís, Elena, Lydia, Raquel, Gonzalo, Elena, Maty, Javier, Gregorio,, Lola, Antonio, Manoli, Enrique, Elena)

Tras un error de organización nuestros cronístas han dado su visión de la ruta del Sábado y ha quedado desierta la crónica del Domingo, de forma que, si algún andarín se anima, la haga llegar a: andarina@andarina.es.

Comentado por María Comentado por Rafa

Crónica de María

Viernes 7 de Mayo


Hemos llegado a San Jose y sopla el viento. Dejamos las cosas en el hotel y nos vamos para el restaurante.
Sobresaliente.
Estupenda la comida.

Todos satisfechos, quizá hasta un poquito demás.. Se impone la idea de andar un poco y bajar la cena. Paseito por el puerto deportivo y hay quien se apunta a una última copa. Los mas flojos volvemos al hotel.

Sábado 8 de Mayo


No hace viento. A las 9.30 tiramos para el playazo de Rodalquilar.


Estamos en la costa de los Piratas, así que los valientes de esta expedición iniciamos ruta.


Tenemos una brisa maravillosa y vamos siguiendo el camino y divisando preciosas calas. Todo está bonito en esta bendita primavera: las aguas con sus distintos tonos de azul y el color blanco de las rocas, la colorida vegetación, el aire límpido.


El camino se hace fácil y llegamos hasta la cala del Cuervo despues de una bajadita suave.


Estamos en la cala del Cuervo y nos vamos para las Negras.


Una ligera subida y vamos a dar con la carretera. Iniciamos la bajada al pueblo. Aquí los guijarros y cantos rodados de la playa son de color oscuro, negro. El nombre del pueblo obedece a uno de los montes que rodean el pueblo, Cerro Negro.


Atravesamos su playa. Algunas hacemos una paradita en una teteria que tiene una terraza muy bonita y..nos dejan pasar al servicio.


Nos incorporamos a la ruta y salimos del pueblo por una zona que parece un oasis por la mucha vegetación.


Seguimos la vereda, sigue siendo fácil. Vemos que ha habido desprendimientos de rocas. Poco a poco nos vamos adentrando en un vergel. Hay un manantial de agua dulce.


Empezamos a encontrarnos con la gente que deben de habitar en estos parajes, mucha gente joven, mucha rasta, son los hippies que ¡ existen todavia ! Aquí todo el mundo ( o casi ) va en bolas. Han montado sus tenderetes de pendientes y collares hechos con tomates secos, semillas, vainas y demás..


Estamos en la Cala de San Pedro. Nos tomamos una cerveza y comemos algo pero Loli nos aconseja que nos cortemos y nos olvidemos del bocata de momento para poder sobrevivir a la cuesta que se aproxima, y ésta, amigos sí que es una señora subida con un par.


Vamos dejando el vergel. Yo empiezo a perder a casi todos de vista. Mi amiga Victoria está a mi lado y tambien aparecen a nuestra altura Lola y Gregorio y Lidia que ha subido ya y decide asi ¡ como si nada ! volver a bajar para reunirse con nosotros.


Llegamos a la cima y empieza un camino precioso. Ya si hace calor del que pica pero sopla, sopla la misericordiosa brisa, y llega el olor de las plantas aromaticas.


Hay chumberas tomillo, pitas y muchas palmeras ( parece que el nombre es palmito ) La bajada es peliaguda pero a mí ¿ que quereis que os diga? como no soy buena andarina me gusta más que la subida.


Disfrutando de las vistas y sudando llegamos a Cala Plomo. Hacemos una parada para comer. Algunos ya se han bañado. Sobre el agua hay variedad de opiniones, que está muy fria, que está estupenda.


Yo me mojo los pies y camino por la arena hasta la sombra y ahí si que sacamos los bocatas, la fruta y nos damos el festín.


Nos queda una hora y media de camino. Son las cuatro de la tarde y salimos para Agua Amarga. Antes un grupo han ido a ver si si puede costear en lugar de hacer el camino pero parece que puede ser peligroso y se descarta la idea.


Vamos por la vereda y la avanzadilla bajan hasta la Cala de Enmedio, que resulta ser preciosa pero que yo, que vuelvo a ir rezagada para no perder la costumbre me la pierdo (cosa que en ese momento me alegra muchísimo), porque contemplo el camino que empiezan a subir los de la Cala de Enmedio para reunirse con nosotros, y creo que si yo estoy en su piel, me hubiera pensado lo de quedarme a dormir allí.


Nos reunimos todos, ya muy cerca de Agua Amarga y hacemos la entrada en el pueblo sobre las cinco y media. Llegamos por una callecita en la que se encuentra una casa con una alfombra una vegetación asombrosa de extensa y de colorido. Llegamos a la conclusion de que es una variedad del diente de león pero en tonos naranja y amarillo

Y....estamos al lado del bar. Ha empezado a soplar el viento, refresca, hay cerveza, mi segundo cigarrillo del día, música, rumbitas, la Lolita ¿Que más se puede pedir?



Para finalizar la jornada volvemos a San José y de nuevo arregladitos, Cena en Casa Miguel.





Crónica de Rafa

La aproximación

A la hora en punto nos recogió nuestra ya habitual empresa de transportes para llevarnos desde Granada a San José.

Era temprano y hacía calorcillo, por eso se apetecía aprovechar el viaje para dar una cabezadita y oir algo de música…

Voy y vengo sin preocupación
Sólo tengo tiempo y emoción
Y voy en una sola dirección
La del viento en mi corazón

El duermevela soporíferomusical me permitía oir trozos deslabazados de sueños…

… a Chamonix… no resultará caro…
… que seguro alcanzamos el Kilimanjaro…
… no, no subiré al Triglav….

Retomé la conciencia cuando ya estábamos en El Pozo de Los Friles, en las inmediaciones de San José y enseguida vimos la posada de paco.

… Carnetes, llaves, pasillos, habitaciones…

Una vez alojados ¡cómo no! fuimos a cenar, luego una copa y a la cama.

El relato

El sábado se vistió de un sol espléndido para iluminarnos la maravillosa ruta que nos esperaba, tranquila, en El Playazo de Rodalquilar. Allí estaba, tendida sobre una antigua caldera volcánica, al pié de la Torre de los Alumbres, mostrándonos orgullosa el Castillo de San Ramón, erguido sobre un pedestal de bioclastitas y sobre un lecho de dunas fósiles.

La serena belleza del paisaje y la quietud de lugar me hizo desvariar un poco. Creí oir que una princesa, que curiosamente nos acompañaba, había tenido románticas experiencias entre sus muros (actualmente es de propiedad privada) construidos por orden de Carlos III.

Impresionado, al ver estas éstas piedras Raúl Quinto pudiera haber escrito:

Amarillos de escarcha solar.
La luz tallada en piedra.
El mar cayendo sobre sí,
en lenta fiebre.
Crines, peldaños de la espuma.
Se desploman los cielos,
igual que el párpado de un dios
al comienzo del sueño.


Unos pasos más adelante un cartel chivato nos desveló el nombre de la ruta: de la Molata. Lo seguimos y nos condujo por la Cala del Cuervo hacia una carreterilla asfaltada que se desvanecía en Las Negras.


Allí, a pesar de la temprana hora, cayó una fresquita cerveza. No había apurado el dorado y refrescante elixir cuando, como si hubieran gritado ¡fuego! salió el grupo de andarines hacia al enorme y oscuro peñón que cerraba la playa por el otro extremo, al que conocimos gracias a otro cartel chivato que nos dijo que se llamaba Cerro Negro y que nos indicaba que iniciábamos el Sendero “San Pedro – El Plomo – Agua Amarga” y que teníamos por delante 12 kilómetros antes de la siguiente cervecita. ¡Cabronazo el cartel!


Tras una monótona y pesada marcha por este sendero, nos acercamos a la bellísima Cala de San Pedro. Desde lo alto oteamos un brillante mar azul turquesa sembrado de poseidonias y, antes de nuestra bajada, las ruinas del antiguo Castillo de San Pedro donde, escondido entre la exuberante vegetación, brotaba un abundante y fresco manantial de agua dulce, único en kilómetros a la redonda y frecuentado por curiosos personajes. Tribus a juego con las ruinas que los contemplaban.

En algún lugar se cuenta que allá por el verano de 1.743 un navío inglés, persiguiendo a un barco corsario, descargó toda su artillería sobre el castillo, destruyendo, casi por completo, la fortaleza y dejando muy tocada la torre.


Hubimos de atravesar una frondosa selva con una variadísima fauna y flora antes de alcanzar la playa. Allí un hicimos un descansito para reagruparnos y tomar fuerzas para encarar la mayor de las subidas de esta ruta: El ascenso a la Rellana de San Pedro, salvando un desnivel de 250 metros que nos costó por lo menos un cuarto de litro de sudor hollarla.


Una vez arriba nos introducimos en uno de los paisajes vegetales mejor conservados de todo el Parque Natural: la estepa termófila, pero de esto os hablaré en otro momento.


Atravesamos La Rellana, para dirigirnos hacia nuestro siguiente objetivo, la Cala del Plomo, que enseguida comprendimos que estaba formada por calizas arrecifales y cuyo origen se puede remontar al final de la Era Terciaria, lo que, evidentemente, permitió que nosotros pudiéramos disfrutar de su playa de fina arena y grava. Hermosa e idílica imagen trastocada momentáneamente por imprevistos paseantes desprovistos de ropa y luciendo descaradas protuberancias…


Un más que fresquito baño y un buen bocata nos cargaron de nuevo las baterías para afrontar el siguiente tramo de la ruta.


Hubo que sortear en parte el Cerro de la Higuera para llegar a la enigmática y maravillosa Cala de Enmedio, la más atractiva de todas las que habíamos pasado hasta el momento.

Blancos acantilados que la protegen a ambos lados, el contraste del azul turquesa de sus transparentes aguas… en un lugar como este se inspiraría Octavio Paz cuando escribió su composición “Frente al Mar”

Muere de sed el mar.
Se retuerce, sin nadie,
en su lecho de rocas.
Muere de sed de aire.

Arrebatadora en su parte derecha, con una zona a modo de piscina natural y sobre la roca, pequeñas balsas provocadas por la erosión y al final un saliente rocoso que guarda, como azul en paño, ese color tan intenso y propio de estas aguas. En su parte izquierda, al terminar de la playa, la gran roca que llaman “de la morena” da paso a otra vista que también pudo inspirar a Francisco Villaespesa cuando escribió

Envuelto entre blancas nubes
que agita y mece la brisa,
Cabo de Gata, en las olas
su altiva mole desliza...
¡Y desde alta mar semeja
colosal galera antigua,
que desplegadas las velas
al África se encamina!

Lamentablemente no compartieron conmigo estas ensoñaciones los miembros y miembras del grupo senderista y tuvimos que arrostrar el Cerro del Cuartel que nos separaba aún de la localidad costera de Agua Amarga, donde unas cervecitas nos hicieron ameno el tiempo que tardó el bus en recogernos para volver a San José.



La jornada terminó, como no, en un restaurante reponiendo fuerzas…




La ruta dominical será descrita en otro momento
y quizá por otro narrador…